sábado, 12 de mayo de 2018

Telepatía en la vida cotidiana


La comunicación telepática parece haber sido muy común entre los llamados pueblos primitivos, utilizándose como medio de comunicación por los chamanes de algunas culturas, según indican numerosos testimonios. Pero sólo con la llegada del magnetismo, del espiritismo y de la investigación psíquica, comienza a observarse metódicamente la llamada sugestión mental que, a mediados del siglo XIX, ya es conocida popularmente como transmisión de pensamiento.
Para presentarlo como un fenómeno científicamente aceptable, diferenciándolo de la falsa lectura del pensamiento practicada por algunos ilusionistas, Frederick Myers, uno de los fundadores de la Sociedad de Investigaciones Psíquicas (SPR), acuña el término telepatía. Ateniéndonos a su etimología griega, significaría algo que el psiquismo siente o experimenta (pathos) a distancia (tele); pero Myers la define como «la comunicación de cualquier clase de impresiones de una mente a otra, independientemente del canal de los sentidos».
Desde entonces se han realizado decenas de miles de pruebas, en numerosos laboratorios de todo el mundo y siguiendo diseños muy diversos, cuyo simple meta-análisis estadístico demuestra que la comunicación telepática ocasional es un fenómeno real y científicamente demostrado. Nos limitaremos a resumir aquí algunas de las más recientes y que hacen referencia más directa a nuestra vida diaria.
¿QUIÉN LLAMA POR TELÉFONO?
Un debate sobre la telepatía, celebrado en enero de 2004, en la Royal Society of Arts londinense, sintetiza el estado actual de la situación y algunos avances en este campo. Durante el mismo confrontan posiciones sus dos verdaderos pesos pesados.
El profesor Lewis Wolpert, biólogo de la Universidad de Londres y uno de los más conocidos portavoces de la ciencia establecida, argumenta que la telepatía es «ciencia patológica», basada en efectos débiles y no repetibles, apoyados en teorías fantásticas y en una respuesta estereotipada a las críticas; y afirma que no hay evidencias persuasivas de su existencia.
Para éste, «una mente abierta es algo muy malo, pues se enfrenta a todo». Y no soy yo quien extrae de su poco convincente discurso esta inmovilista aseveración, sino la conservadora revista científica Nature, cuya actitud hacia la parapsicología no es precisamente positiva, pero que se ve forzada a reconocer que «pocos miembros de la audiencia parecen inclinarse por los argumentos de Wolpert» y la mayoría le acusa de «no conocer la evidencia» y de «no ser científico».
Frente a él, el bioquímico de Cambridge Rupert Sheldrake presenta toda una serie de sólidos argumentos a favor de la telepatía, basados en sus numerosas investigaciones, que durante la última década han planteado un sólido desafío a la ciencia. He aquí algunos de los más interesantes:
Mucha gente dice saber en ocasiones quien va a llamarle por teléfono o de quién va a recibir un e-mail. Para comprobar si se trata de una experiencia tan frecuente como parece, los colaboradores de este biólogo realizan dos encuestas telefónicas en Londres y Bury (Gran Bretaña), y una tercera en Santa Cruz (California). Los resultados indican que la mitad de los entrevistados en ambas poblaciones inglesas aseguran haber sentido que una persona va a telefonearles justo antes de que lo haga (y el 47% de los californianos). De los entrevistados en Bury, un 66% (un 78% de los californianos) dicen haber llamado a alguien que en ese momento está pensando en telefonearles, y un 45% (68% en California) han estado pensando en alguien que no ven hace tiempo y recibido una llamada suya ese mismo día. En las tres localidades hay mayor porcentaje de mujeres que de hombres entre quienes responden positivamente a estas preguntas.
En 2003 y 2004, Sheldrake presenta los resultados de dos pruebas diseñadas para investigar lo que él considera la experiencia psíquica más común en el mundo moderno. Durante las mismas, varios sujetos intentan averiguar cuál entre cuatro posibles comunicantes –cuya participación en los experimentos se solicita– les está llamando cuando suena el teléfono o bien en qué momento preciso van a recibir una llamada. Los 63 participantes en el primer experimento realizan 571 intentos, en un 40% de los cuales aciertan quién les llama, mientras que los resultados atribuibles al azar son sólo de un 25%. Posteriormente selecciona a 4 de estos participantes y les somete a 271 pruebas, que se dan en condiciones de observación más rigurosas y son grabadas en vídeo, acertando en un 45% de las llamadas.
Lo más interesante de las mencionadas experiencias es que todos los que participan obtienen un porcentaje mayor de éxitos cuando les llaman familiares suyos; y también que –como ya se ha comprobado que ocurre en la comunicación telepática– sus aciertos no dependen de la distancia que les separa de su comunicante. «Lo que cuenta es la proximidad emocional y no la proximidad espacial», explica Sheldrake.
Sin embargo, cuando Stephan Schmidt y dos colegas del Hospital Universitario de Friburgo intentan replicar este experimento de telepatía telefónica, los resultados que obtienen no superan a los que serían atribuibles al azar. Pero, como reconocen estos mismos investigadores, ello puede deberse a las condiciones en que se realizan estas pruebas.
Sheldrake ya explicaba que hay cuatro razones por las cuales cree que sus experiencias obtienen mejores resultados que las obtenidas en la mayoría de las pruebas parapsicológicas: 1) intentan reproducir una situación cotidiana en la que este fenómeno ocurre de forma espontánea, aunque esto nunca puede conseguirse dada la artificialidad de los experimentos; 2) eligen como participantes a personas que dicen haber experimentado la telepatía telefónica; 3) les piden que elijan a los cuatro llamadores potenciales entre sus amigos o familiares; 4) las experiencias se realizan en las condiciones más relajadas y naturales, desplazándose el controlador a las propias casas de los participantes. Por el contrario, los alemanes invitan a los participantes a sesiones de dos horas en una oficina, donde cada diez minutos reciben una llamada que puede proceder de alguien comprendido entre dos conocidos y otras dos personas que desconoce. Todo ello les distancia mucho más de las condiciones naturales en que este fenómeno se produce en la vida cotidiana.
En 2004 Sheldrake lleva a cabo otro experimento, que es filmado para TV, en el que todas las participantes son hermanas, miembros de una banda musical famosa en la Inglaterra de los años ochenta, The Nolan Sisters. En 6 de los 12 intentos, la elegida para recibir las llamadas logra saber con antelación cuál de sus cuatro hermanas la está telefoneando, mientras que sólo debería haber acertado 3 por azar.Luego, este biólogo intenta comprobar si puede deberse a una experiencia extrasensorial la sensación de estar siendo observado por alguien, o la de comprobar como otra persona acaba volviéndose hacia nosotros cuando la miramos fijamente.
Sheldrake y sus colaboradores organizan diferentes pruebas para estudiar este fenómeno, en las cuales participan casi dos mil personas, incluidos numerosos escolares de diferentes nacionalidades. En cada intento, un procedimiento aleatorio determina si una de ellas debe ser observada o no por otra que está separada de ella por un grueso cristal que no le permite verla. En otras pruebas, el azar determina si un desconocido contempla o no al voluntario a través de una cámara de vídeo, unos prismáticos o un telescopio. Tras cada intento, los sujetos deben informar acerca de si se han sentido observados. Los resultados de las pruebas indican que adivinan cuando están siendo acechados entre un 57 y un 60% de los participantes, frente al 50% que cabría atribuir al azar. Cuando los sujetos que parecen más sensitivos se someten a pruebas reiteradas en una escuela alemana, el 71% de sus respuestas son correctas, porcentaje de aciertos que con dos de los sujetos se eleva al 90%.
Pese a su significación estadísticamente positiva, los resultados de estas pruebas aparentemente contrastan con los de las encuestas realizadas desde 1993, según las cuales casi 8 de cada 10 personas aseguran haberse sentido observadas y luego han comprobado que era cierto, al menos una vez en su vida. El que el porcentaje de aciertos en las pruebas sea considerablemente inferior a lo que podríamos deducir de las encuestas puede deberse a la artificialidad de los experimentos, que contrasta con la espontaneidad de las experiencias cotidianas, y a la posibilidad de que ese estado de alerta no sea permanente y sólo en ciertas circunstancias nos permita saber que estamos siendo observados.
INTENCIONALIDAD DISTANTE
El ya citado doctor Stephan Schmidt y otros tres investigadores publican en el oficialista Journal de Psicología británico los resultados del meta-análisis aplicado a dos experimentos realizados sobre lo que ellos llaman «intencionalidad distante y la sensación de ser observado». Durante los mismos se mide la actividad electrodérmica de los dos mil voluntarios que se prestan a las pruebas. En la primera alguien mira a otro, a través de un circuito cerrado de televisión, en momentos seleccionados aleatoriamente. En la segunda, intenta incomodarle a distancia. Tanto en uno como en otro caso, suele haber mayores cambios en la electricidad de su piel cuando están siendo acechados sin saberlo.
Resulta interesante comprobar que mientras las experiencias de telepatía telefónica suelen tenerse con familiares o amigos íntimos, por el contrario nos sentimos observados mucho más frecuentemente cuando quien nos mira es un desconocido. De esto puede deducirse que la telepatía funciona como un vínculo social con los seres queridos, pero también como un primitivo mecanismo que contribuye a la supervivencia, alertando tanto a los animales como a los humanos primitivos cuando están siendo observados por depredadores que pueden convertirles en sus víctimas. Coincidiendo con esto, algunos cazadores experimentados aseguran que los animales frecuentemente se muestran más atentos cuando se les está observando desde lejos.
Los detractores de los fenómenos paranormales han criticado estos y otros fenómenos investigados por Sheldrake, calificándolos de supersticiones, pero aportando escasos argumentos que contrarresten las evidencias que él presenta.
lEn febrero de 2003, Michael Shermer, uno de los más conocidos escépticos, explicó en el popular diario USA Today que «los hechos descritos por Sheldrake (en su último libro) no requieren una teoría y son perfectamente explicables por medios normales». Éste le propone entonces mantener con él un debate online sobre el tema, que pueda ser seguido por cualquiera a través de internet. Aunque Shermer acepta el desafío, le explica que aún no ha podido leer su libro y, en cada nueva ocasión que Sheldake se lo recuerda, asegura que ha estado demasiado ocupado. Más de dos años después, el crítico que ha descalificado el resultado de diez años de investigación, aún no se ha molestado en leer el libro en el que ésta se sintetiza, ¿o es que acaso carece de argumentos para denegarla y no se atreve a hacer el ridículo como su colega el escéptico profesor Wolpert? ¿Cómo tiene Shermer el atrevimiento de seguir sosteniendo que «el escepticismo es un método y no una posición»?, viene a preguntarse Sheldrake.
l En su último estudio, Sheldrake pretende investigar los relatos de personas que en algún momento aseguran experimentar pensamientos y sensaciones eróticas de su pareja, cuando se encuentran lejos, según luego han podido corroborar con ésta. En ocasiones ello les ha llevado a excitarse sexualmente y en otras les ha provocado una sensación angustiosa, al tener conciencia de que su compañero/a les está siendo infiel, algo que luego confirman.
Ciertamente, las diversas formas de relación amorosa son campos abonados a la comunicación telepática. Un mero ejemplo es la posible relación entre ésta, el amor a primera vista y el logro de la perfecta compatibilidad conyugal.
J. B. Rhine, que dio a la parapsicología su prestigio científico, observa que la conexión telepática es 4,8 veces más frecuente entre personas de distinto sexo. Y comprueba que cuando dos se manifiestan un sentimiento de ternura o mantienen relaciones sexuales satisfactorias, este fenómeno aumenta hasta alcanzar una frecuencia 6,4 veces superior a la habitual.
El famoso flechazo podría consistir en una conexión telepática. Así parece indicarlo la encuesta realizada entre 1.284 parejas norteamericanas por la doctora Ruth Sinclair. Según ella, sólo un 8,7% de las que tienen problemas conyugales (que son el 68,6% de la muestra estudiada por ella) creen haber tenido la impresión experimentar un flechazo cuando se conocieron. Por el contrario, el 83,1% de las parejas que se confiesan felices (31,4% del total) aseguran haberlo sentido, entendiéndose mejor y más duraderamente que las otras en el terreno sexual y experimentando menos el aburrimiento que genera el matrimonio.
Esa abultada proporción de parejas felices entre quienes tuvieron un amor a primera vista –nueve a uno sobre el resto de la población– nos obliga considerar seriamente que su intuición telepática funcionó de forma correcta cuando se conocieron.
Además de Sinclair y de la hija de los fundadores de la parapsicología científica, Sally Feather Rhine, otros muchos consejeros matrimoniales han intentado aplicar investigaciones psíquicas a la compatibilidad de las parejas.
Además, las experiencias realizadas con algunas parejas entre las que existe una buena empatía han dado estimulantes resultados en diversas ocasión.
SORPRENDENTES EXPERIMENTOS
Resulta de especial interés una desarrollada en el laboratorio de parapsicología de la Universidad holandesa de Utrecht. Para llevarla a cabo, los investigadores eligen a un matrimonio entre quienes participan habitualmente en sus pruebas, convocando a la mujer quince minutos más tarde que al marido. Cuando éste llega le indican que se tumbe cómodamente en una habitación insonorizada e intente no pensar en nada, al tiempo que diversos sensores controlan sus constantes fisiológicas. A ella le piden que se limite a observar atentamente las diapositivas que proyectarán en una pantalla. Van intercalando imágenes aterradoras en medio de otras plácidas, poniendo especial énfasis en la brusquedad de los contrastes entre unas y otras. Mientras tanto, el hombre parece ajeno a lo que le está ocurriendo a su esposa. Sin embargo, tanto el aumento de su presión sanguínea y de la frecuencia de sus pulsaciones como la alteración de sus ondas cerebrales indican un estado de tensión psíquica que corresponde al que está experimentando su compañera.
Los investigadores holandeses han concebido la prueba anterior para intentar corroborar una hipótesis a la que apuntan muchas otras evidencias: gran parte de las transmisiones telepáticas son captadas extrasensorialmente, pero no llegamos a ser conscientes de ello más que en determinadas ocasiones.
En esta misma línea, el ingeniero Douglas Dean decide poner a prueba un fenómeno ya observado por el médico checo Figar. Para ello se sirve de un pletismógrafo digital, que permite medir modificaciones ínfimas del volumen sanguíneo periférico mediante sensores colocados en los dedos de una persona a la que piden se relaje en una habitación aislada. Desde otra sala envían al sujeto una serie de colores, cinco nombres escogidos al azar en una guía telefónica y otros diez de amigos, familiares y personas relacionados con el receptor. En el momento en que son emitidos estos últimos, que tienen para él un cierto contenido emocional, comprueban que el aparato registra variaciones significativas en su corriente sanguínea. El nombre del empresario para el que baja el receptor provoca en él una reacción muy intensa en 38 de las 43 ocasiones en que Dean se concentra mentalmente en el mismo.
Es como si el inconsciente del receptor mantuviese durante el experimento un continuo estado de alerta que le permite reaccionar ante cualquier mensaje provisto de una carga emocional que le resulta significativa. Esto nos obliga a preguntarnos si en nuestra vida cotidiana recibimos continuamente informaciones telepáticas, pero no estamos en condiciones de descifrarlas debido a que no se nos ha educado para prestar atención a este tipo de estímulos subliminales.
Otras muchas pruebas similares han subrayado la importancia de los procesos fisiológicos durante la recepción telepática, que permiten comprobar sus reacciones a la misma aunque el sujeto no sea consciente de haber recibido el mensaje.
Algunas madres que han dado a luz recientemente dicen saber cuándo sus bebés les necesitan porque sus pechos empiezan a rezumar leche y algunas lo atribuyen a una comunicación telepática. Tratando de averiguar qué puede haber de cierto en ello, el equipo de Sheldrake entrevista a 100 de estas mujeres y comprueba que el 62% asegura haber observado la secreción de leche cuando están lejos de sus hijitos, mientras que el 16% ha comprobado luego que esto ocurre exactamente cuando sus bebés están necesitándolas, mientras que el 3% asegura haber sentido que éstos tienen algún problema y al regresar a casa comprueban que realmente han tenido una caída o accidente...
Los exploradores pioneros del inconsciente ya observaron la vinculación de las manifestaciones Psi con esta área ignota del psiquismo, cuyo estudio aún nos depara muchas sorpresas. Algunos han ido más allá en sus investigaciones considerando la simbiosis materno-filial como la «cuna» o matriz de la PES. Según Jung y algunos de sus discípulos, la relación madre-hijo representa «una situación arquetípica por excelencia», en la cual tiene tendencia a producirse la telepatía.
Un conocido estudioso de la vida intrauterina, el psiquiatra Tom Verny, sostiene que los sentimientos y pensamientos de las madres embarazadas «afectan directamente al feto por medio de un fenómeno desconocido que no puede ser explicado en términos de comunicaciones psicológicas y conductistas».
EI doctor Jan Ehrenwald ha estudiado la información recogida por él y otros colegas sobre las observaciones realizadas por padres muy perceptivos, los recuerdos más precoces de su infancia que los adultos son capaces de reunir, las observaciones personales de psicólogos y psiquiatras especializados en niños, las tentativas de los pacientes para reconstruir sus primeros años durante la terapia psicoanalítica y los casos espontáneos de comunicación extrasensorial. Todo esto nos indica que, sobre todo en la relación entre madres e hijos, pueden observarse elementos telepáticos durante las fases primarias –e incluso en otras más tardías– del desarrollo del niño.
Esto, en lo que parecen estar de acuerdo otros especialistas, se debería a que, en la primera fase postnatal, las fronteras entre el ego de la madre y el del bebé no están aún delimitadas, compartiendo ambos ciertas imágenes. Sin embargo, cuando el niño deja de ser un bebé y emerge de ese período inicial en el que sus medios de comunicación son muy rudimentarios –nos explica Ehrenwald– las fronteras de su yo comienzan a diseñarse, puesto que ya no es necesario que comparta los procesos psíquicos con su madre, comenzando a gestarse una personalidad independiente. Entonces, el inconsciente del niño empieza a levantar barreras cada vez más poderosas contra las intrusiones telepáticas en el interior de su psiquismo. Si éste no logra sustraerse adecuadamente a dichas influencias, puede llegar a convertirse en un esquizofrénico.
Ya en 1940, el profesor Price sugirió que la mente humana necesita desarrollar un mecanismo que reprima el flujo continuo de información psíquica que en su opinión le llegaría por intermedio del inconsciente colectivo, para evitar ser invadida por los pensamientos y emociones de los demás. Más tarde, otros han desarrollado la idea de que nuestra cultura está programada de tal manera que la conciencia se encargue de negar y reprimir las percepciones extrasensoriales y otras manifestaciones primitivas.