domingo, 9 de julio de 2017

La morada secreta de los Nephilim

La intervención de los hijos de dios o gigantes sagrados impulsó el renacer de la civilización.
POR VOLUNTAD DIVINA
Asociada con lo sagrado por muchas culturas, la región del Cáucaso es el lugar donde se asentó Noé, según el relato del Génesis. La historia de este personaje contiene una clara referencia al enclave donde la humanidad renació tras haber abandonado su hogar antes del Diluvio. De hecho, numerosas tradiciones antiguas señalan el Cáucaso como el lugar donde el hombre reinició su proceso civilizador. Los griegos situaron allí la casa de Prometeo, el héroe que llevó el fuego de Dios a la humanidad, y éste parece ser el principal argumento en el que inciden muchas mitologías: el Cáucaso era la morada de los «héroes», de los portadores del saber, entidades que se nos muestran con las mismas características que se les atribuyen en la Biblia.
Según el relato bíblico, los Vigilantes –Irín, en arameo–, a los que describe como criaturas impías, tuvieron relaciones sexuales con las hijas de los hombres, fruto de las cuales surgió una estirpe de gigantes o Nephilim.
El texto bíblico alude a que los Vigilantes eran entidades subordinadas a la voluntad divina: «Había gigantes en la tierra en aquellos días y también después, cuando los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos. Estos son los héroes de la antigüedad, hombres de renombre».