viernes, 17 de marzo de 2017

Volcán guatemalteco erupciona cada hora desde hace 1 siglo

El volcán Santiaguito, en Guatemala, es considerado el único en el mundo por hacer erupción cada hora desde hace 94 años.
En 1902, una gran erupción del volcán Santa María originó varios nuevos cráteres, de los cuales el Santiaguito destaca por la característica de expulsar lava de manera casi permanente.
El fenómeno convirtió a Santiaguito en un lugar tanto turístico como científico, tal y como afirma este miércoles la cadena rusa RT, para luego añadir que la ciudad de Quetzaltenango, que se ubica en un valle montañoso del suroeste guatemalteco, sigue en un constante peligro.Sobre las causas del fenómeno, Grocke explica que “sabemos con certeza que el magma y el gas suben de manera estable desde las profundidades (…) Una circunstancia que permite que Santiaguito muestre señales de vida de manera casi constante”, afirma la vulcanóloga Stephanie Grocke.
Así, la montaña ubicada a 2550 metros sobre el nivel del mar y a 11 kilómetros de esa localidad, no deja de alarmar con sus constantes emanaciones de gases y sus brotes de lava: desde julio de 1922, “explosiones menores casi continuas”, según afirma la vulcanóloga Stephanie Grocke.
Sobre las causas del fenómeno, Grocke explica que “sabemos con certeza que el magma y el gas suben de manera estable desde las profundidades (…) Una circunstancia que permite que Santiaguito muestre señales de vida de manera casi constante”.
En un proceso cíclico, la boca de ese cráter se sella y los gases calientes y el magma quedan encerrados. Las nuevas emisiones que se generan aumentan la presión hasta que se rompe la fumarola endurecida y salen los gases, el magma y las rocas sueltas.
Estas erupciones nunca son iguales: si son pequeñas, solo expulsan cenizas o lanzan algo de lava que recorre pocos kilómetros, pero las más fuertes y peligrosas obligan a evacuar a los habitantes de los pueblos cercanos.
Aunque Santiaguito tiene una regularidad frecuente, la vulcanóloga confirma que su sistema no sigue un patrón definido, por lo que “no se puede predecir de manera exacta” cuándo tendrá lugar cada erupción.