jueves, 19 de mayo de 2016

Científicos describen una nueva especie de titanosaurio hallada en Argentina


El fósil es una cabeza en muy buen estado que ofrece un primer vistazo al cerebro y orígenes de la aún misteriosa familia de dinosaurios gigantes.
 Una joya insólita ilumina desde hoy la paleontología de vertebrados: el cráneo completo y en perfecto estado de conservación de un nuevo y primitivo saurópodo titanosaurio suramericano que vivió hace unos 95 millones de años, descrito en PLoS ONE. Bautizado como Sarmientosaurus mussacchioi por sus descubridores del Laboratorio de Paleovertebrados de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco en la ciudad de Comodoro Rivadavia, Argentina, el fósil no solo es la cabeza de titanosaurio mejor preservada entre el total de cuatro que existen en el mundo, sino que aporta a la ciencia una riqueza de información sin precedentes acerca del cerebro de una criatura que perteneció a la aún misteriosa familia de los animales más grandes que hayan pisado tierra firme.
 “A pesar de que se han descubierto al menos 200 especies de dinosaurios saurópodos —los herbívoros del cuello largo— y entre ellas 60 especies de titanosaurios, sus cráneos son tan raros como dientes de gallina”, dice Matthew Lamanna, curador asistente del Museo Carnegie de Historia Natural, en Pittsburgh, y especialista en dinosaurios del hemisferio sur, entre otros. “Entender realmente cómo era el animal, sus relaciones evolutivas, su alimentación, su inteligencia, sus sentidos, todo eso depende de la estructura del cráneo y de los tejidos blandos dentro de este”, añade Lamanna, quien forma parte del equipo internacional que colaboró en el estudio de Sarmientosaurus, bajo el liderazgo de Rubén Martínez, descubridor del fósil en 1997 en la Formación Bajo Barrial de la ventosa Provincia de Chubut en la Patagonia argentina. “Este cráneo es tan prístino, que se ha convertido en una de nuestras mejores ventanas a la pobremente entendida biología de los titanosaurios. Sin duda, es el fósil más importante en el que he estado involucrado en toda mi carrera, y diría que uno de los más importantes provenientes de Patagonia”.
 Si bien el cráneo de 43 centímetros (hallado junto con algunas vértebras cervicales articuladas y llenas de sacos de aire) no es especialmente grande para estándares de un titanosaurio, ofrece a la ciencia el primer vistazo a los orígenes de este grupo de animales. “Sarmientosaurus es un titanosaurio pero de un nivel tan basal [primitivo]que todavía tiene rasgos que son más semejantes a un braquiosaurio que a un titanosaurio”, explica Martínez. El científico habla con una modestia que no concuerda con la magnitud de su descubrimiento. En realidad, la publicación en PLoS es el extracto de su tesis de doctorado, que logró hace cuatro años. “Cosas como los dientes, la forma del hocico y la cavidad craneal nos hablan sin lugar a dudas de su posición en el árbol evolutivo. Entonces, tenemos aquí un titanosaurio de unos 12 metros y 10 toneladas que nos está ilustrando cómo fue el comienzo de este grupo que llegó a dominar todo el planeta”.
Sorpresas anatómicas
 Lamanna y Martínez se turnan para mostrar, vía videoconferencia, una impresión verde en 3D y en tamaño natural del fósil en el cual invirtieron años de trabajo. La cabeza de Sarmientosaurus está llena de sorpresas anatómicas; es un brocado exquisitamente delicado de ventanas, columnas y agujeros del tamaño de manos que alguna vez albergaron ojos enormes, un cerebelo modesto y un cerebro del tamaño de un limón demasiado pequeño para su bóveda ósea. Y enterrado en lo más profundo del hueso, el tesoro mayor: la estructura del oído interno.
 “Este ha sido un raro privilegio porque pudimos meternos dentro de las capacidades auditivas del animal”, interviene Lawrence Witmer, paleobiólogo de la Facultad de Medicina Osteopática del Heritage College de la Universidad de Ohio, un experto en anatomía craneal de los vertebrados modernos y extintos. Gracias a las tomografías computarizadas hechas en Argentina en el laboratorio de Martínez, Witmer, que ha trabajado con docenas de fósiles craneales de dinosaurios, pudo construir modelos digitales en 3D de todo el cráneo, incluyendo los tamaños y formas de su compleja arquitectura interior. “Este dinosaurio era especialmente sensible a los sonidos de baja frecuencia, que se pueden escuchar a través de largas distancias sin disiparse; quizás Sarmientosaurus podía seguir los pasos de sus compañeros de rebaño sin verlos directamente”.
 El oído interno reveló además algo nuevo sobre la postura del animal. Basado en la orientación del canal semicircular, y en la posición de la articulación donde el cuello se conecta con el cráneo, Witmer sugiere que el dinosaurio tenía el hocico normalmente orientado hacia el piso. “Esto nos dice que se alimentaría de plantas bajas en el suelo, usando el cuello para trazar arcos de lado a lado, casi sin tener que moverse. Algo así como una aspiradora”.
 Las cavidades oculares, aunque son grandes en los saurópodos, son especialmente inmensas en Sarmientosaurus. “Tratamos de ponerle ojos adentro; es una de las cosas que hace mi laboratorio, más allá de solo entender los huesos. Y nos parece que Sarmientosaurus tenía ojos bastante grandes, en comparación con otros titanosaurios”, dice Witmer . Según Lamanna, el tamaño de las órbitas oculares podría hacer pensar que se trata de un dinosaurio joven, “pero todas las evidencias que tenemos apuntan hacia un dinosaurio no solo adulto, sino viejo cuando murió”.
 “El sentido de la vista era muy importante para este individuo, igual que el escuchar sonidos en baja frecuencia”, dice Witmer. “Y eso es interesante porque esas características fueron perdiendo importancia en los titanosaurios más avanzados. Es algo que no esperábamos, y es emocionante, esta transición de los sentidos. Desafortunadamente los cráneos son raros. De ahí la importancia de este nuevo animal, que nos transporta al pasado remoto de los titanosaurios”, agrega.
 Representaciones digitales del cráneo y ojo de la nueva Sarmientosaurus musacchioi. A la izquierda está el cráneo representado semi transparente, mostrando el tamaño y la posición relativas del interior de la caja ósea (en azul, rosado, amarillo y rojo), y la posición que supuestamente tenía la cabeza habitualmente. Crédito: WitmerLab, Ohio University.
Pero aún hay más, dice Martínez colocando la copia del esqueleto en el primer plano de la cámara. “Observe los dientes: están en distintas posiciones. Los premaxilares están rectos, pero los dientes de atrás están inclinados hacia adelante. Eso es extraño”. Podría ser un desplazamiento causado por oclusión de las mandíbulas bajo el peso de las rocas, pero no es muy probable, opina Lamanna, ya que el resto del cráneo está prácticamente perfecto. “Hicimos un estudio detallado de cada una de las muescas que aparecían en los dientes, y parece que hubo un tipo de contacto entre ellos, que no es el típico contacto diente con diente, o en ángulo alto solamente, sino que parece incluso la posibilidad de una interdigitación muy compleja, algo parecido al tipo tijera”.
 ¿Podría Sarmientosaurus estar consumiendo esa nueva fuente de alimento que se estaba apoderando del mundo cretácico, las plantas con flores? “Tiene sentido especularlo, aunque casi que habría que encontrar granos de polen entre las tripas de alguno, para estar seguros”, responde Lamanna.

Tendón gigante

En cambio, algo que no requiere mucha especulación porque está a simple vista, es la característica más extraña de este ya extraño fósil: un largo tendón osificado de más de tres metros de largo que pendía solitario del cráneo, y que en el campo se vio como un hilo negro perfectamente recto brotando de la roca y siguiendo las vértebras. “No es una costilla cervical, porque estas son gruesas y bien definidas”, enfatiza Martínez, explicando que para poder trasladar al fósil hubo que romper el tendón en trozos.
 “Era un cilindro de tres milímetros de diámetro que habría estado encarnado dentro de la musculatura”, amplía Lamanna. “Aunque otros dinosaurios presentan entramados de tendones osificados, nunca se ha visto algo partiendo del cuello, y menos aún de tres metros de largo. Quizás tuviera algo que ver con el movimiento del cuello de un animal que tenía que inclinarse a recoger plantas. Es algo que espera ser estudiado en el futuro, ya sea por nosotros, o por otros”.
 Reconstrucción de dos ejemplares de la nueva especie de titanosaurian Sarmientosaurus musacchioi en su hábitat de hace unos 95 millones de años en el sur de la Provincia de Chubut en Patagonia, Argentina. Crédito: Mark A. Klingler, Carnegie Museum of Natural History.
Rara entre las raras, la cabeza de Sarmientosaurus reposó durante años en las estanterías del Laboratorio de Paleovertebrados de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, mientras Martínez hallaba tiempo para ella en medio del trabajo en otros dinosaurios. De hecho, su equipo, en algunos casos en colaboración con Lamanna, a quien conoce desde hace 20 años, ha descrito al menos ocho especies reconocidas de saurópodos, terópodos y ornitópodos suramericanos, y varias más que se encuentran en la mesa de trabajo.
 “Xenotarsosaurus, Notohypsilophodon, Drusilasaura, Katepensaurus, Ankisosaurus, Aeolosaurus colhuehuapensis”, Martínez pronuncia los nombres de las bestias con el mismo cariño con el que alguien  pronuncia los de sus hijos. Sarmientosaurus mussacchioi alude a Sarmiento, el pueblo y departamento donde se encontró el fósil, y a su amigo, el fallecido paleontólogo Eduardo Musacchio.
 Por su parte, Lamanna destaca que una de las ganadoras en este estudio ha sido la colaboración internacional, apoyada por los avances en la tecnología.  “Encontrar la cabeza de un saurópodo, encontrarla así de bien preservada, encontrarla en un animal tan interesante como este, es algo que literalmente pasa una sola vez en la vida. No me sorprendería si nunca vuelvo a trabajar con un fósil tan importante como este”.

Scientific American