martes, 15 de marzo de 2016

Lobizón, el séptimo hijo varón


Por Marco Bustamante
Una creencia popular dice que el séptimo hijo varón, al llegar a la adolescencia, se transforma en lobizón las noches de luna llena. Y al amanecer, con las primeras luces del sol, recupera su forma humana.

Se conocen varios “contragua - lichos”: bautizar al niño en siete iglesias, ponerle de nombre Benito, y una tercera sugería que fuera su padrino el mayor de los siete hermanos.

En el caso de las mujeres, la séptima hija de una prole del mismo sexo, será una bruja, irremediablemente.
La transformación

La persona comienza sintiéndose un poco mal; por ejemplo comienza con dolores y malestares, luego , presintiendo lo que va a venir, busca la soledad de un lugar apartado, como la partes frondosas del monte, se tira al suelo y rueda tres veces de izquierda a derecha, diciendo un credo al revés.

El lobisón se levanta con la forma de un perro inmenso, de color oscuro que va del negro al marrón bayo, ojos rojos refulgentes como dos brasas encendidas, patas muy grandes que son una mezcla de manos humanas y patas de perro, aunque otras veces, también tienen forma de pezuñas y que despide un olor fétido, como a podrido.

Luego se levanta para vagar hasta que caiga el día. Cuando los perros notan su presencia le siguen aullando y ladrando, pero sin atacarlo, por donde vaya. Se alimenta de las de heces de gallinas (por eso se dice que cuando el granjero ve que el gallinero está limpio, es porque el lobizón anda acechando por el lugar), cadáveres desenterrados de tumbas y de vez en cuando come algún bebé recién nacido que no haya sido bautizado.

Cae siempre en cama enfermo del estómago los días después de su transformación. El hechizado vuelve a su forma de hombre al estar en presencia de su misma sangre, así, al ser cortado, recuperará su verdadera forma. Pero se vuelve enemigo a muerte de quien descubre su sagrado secreto y no se detendrá hasta verlo muerto.
El hombre lobo
Una rara enfermedad llamada hipertricosis lanuginosa congénita, causa el crecimiento excesivo de vello en casi todo el cuerpo. La medicina no conoce una cura para este mal.

Los tratamientos se pueden hacer con las técnicas de depilación. En algunos casos, la aplicación del láser es la única solución para ablandar la cantidad de vello en la cara. Lo ciertto es que, cuando son séptimos hijos, y si se dan las condiciones, aparecen. Mitad hombre, mitad bestia, el engendro reune en su cuerpo dos voluntades. Mezclándose entre personas comunes, sorprende con su transformación en las noches de luna llena.
Padrinazgo presidencial

La idea proviene de la tradición rusa, ya que Catalina la Grande otorgaba el “padrinazgo imperial” a estos niños, lo que “les daba una protección mágica contra estos males” y evitaba que los criaturas fueran abandonados por sus familias o incluso sacrificados.

En nuestro país, Juan Manuel de Rosas ofrecía el padrinazgo a los séptimos hijos de las familias de trabajadores rurales, sobre todo mestizos o mulatos, para ahuyentar el temor a que el niño se convirtiera en lobizón.

En 1907, Enrique Brost y Apolonia Holmann, una pareja rusa que se había radicado en Argentina, da a luz a José Brost, su séptimo hijo varón y enviaron una carta al presidente José Figueroa Alcorta para que lo apadrinara en lugar del Zar Nicolás de Rusia.

El presidente accedió, dando lugar al primer bautismo presidencial. Recién en el tercer gobierno de Juan Domingo Perón se instituyó oficialmente el padrinazgo a través del decreto 848. Y para seguir con la igualdad de los sexos, en 1974 se estableció el “madrinazgo presidencial” durante el gobierno de María Estela Martínez de Perón. Luego, por el decreto 1416/09 que firmó Cristina Fernández de Kirchner, se incluyó a las séptimas hijas mujeres. La Ley mencionada contempla que en el caso de una familia que tenga siete hijos varones o siete hijas mujeres le corresponde la posibilidad de un padrinazgo presidencial, por lo tanto se le obsequia una medalla de oro, un libro, un subsidio de 20 mil pesos y la beca de estudio que se hará efectiva cuando los chicos comiencen el colegio hasta terminar la Universidad, inclusive.
A tener en cuenta
El trámite lleva su tiempo, pero no llega a ser engorroso. La solicitud se analiza primero en la provincia y luego se envían a la oficina de Presidencia de la Nación para que les den el visto bueno. Recién cuando vuelve con la aprobación a Ceremonial y Protocolo provincial, se acuerda con los padres el día, el lugar y la hora del bautismo.

HISTORIAS EN PRIMERA PERSONAS
Mi padrino, el General Juan Domingo Perón

El padrino de Juan Domingo Orellano fue su tocayo Juan Domingo Perón. “Mis padres buscaban la nena y por eso tuvieron 8 hijos varones, de los cuales yo soy el séptimo. En ese entonces, en 1949, para un peronista como mi padre era un orgullo pensar que el presidente era el padrino de su hijo. Hasta me pusieron su nombre. Por eso tramitaron el beneficio, que era muy distinto al actual: el gobierno nos dio la casa propia, becas de estudios, ropa y calzado, muchos libros, bolsones de mercadería y hasta un baturé y una réplica de un Maseratti con el que jugué muchos años”, asegura.

Ni Perón ni Evita participaron de su bautismo, pero en el nombre de estos, lo hizo el intendente de la Capital, un señor de apellido Ontiveros, y su esposa. “Una sola vez lo vi a Ontiveros, fue en Mogna. Recuerdo que mi madre me dijo: “Hijo, ése es tu padrino”, y me señaló a un hombre muy alto y muy flaco. Yo le respondí “¿ése es Perón? Es distinto al de la foto”.

Ser el ahijado de Perón le sirvió para conseguir trabajo, aunque también se lo quitó. “Mi padre era afiliado al peronismo; en casa había una Unidad Básica. Por eso tenía muchos contactos. Cuando yo tenía 22 años fuimos a ver al gobernador Eloy Camus para pedirle trabajo. Obviamente, lo primero que dijimos fue que yo era ahijado de Perón. Don Eloy me dijo que se lo demostrara. Entonces mi padre sacó a relucir mi medalla. Pero el gobernador nos dijo que eso podía tenerlo cualquiera, y que necesitaba un documento para darme trabajo en el Casino. Por eso hoy tengo un certificado de la iglesia, el único recuerdo de mi bautismo ya que la medalla, según me contaron mis padres, se las robaron en una de las tantas redadas de los militares en el ‘55, aunque también creo que ellos pueden haberla vendido para sobrevivir”, recuerda Orellano.

Menem pegó el faltazo

En agosto del 1999, Lucas tenía 6 años. Estaba muy ilusionado con que el presidente Carlos Saúl Menem fuera su padrino, pero hubo que elegir a un representante. La mejor opción fue Muñoz Daract, ministro de Desarrollo Humano y la señora Rosalinda Flores, presidenta de la vecinal. “Fue una ceremonia muy linda y después hubo fiesta en la casa”.