jueves, 4 de febrero de 2016

Javier Sierra: “El tema OVNI no es anecdótico, es estratégico” (Roswell: secreto de estado)


Hablar del caso Roswell con Javier Sierra es descubrir a cada paso un detalle inesperado. Esta vez, la excusa fue la reedición y el vigésimo aniversario de su primer libro de investigación: “Roswell: secreto de estado”. Un obligado a la hora de comprender la fascinante historia de un evento que, a casi sesenta años, sigue desvelando a curiosos, periodistas, investigadores e historiadores.
Suena tranquilo, relajado, no puedo evitar pensar que ya le han hecho estas preguntas miles de veces en esta veintena de años y tengo la mente en encontrar caminos que ayuden a reconstruir desde cero una historia manoseada, maltratada y por momentos olvidada. Un proceso del que Javier tiene la responsabilidad opuesta, por haber mantenido viva la llama del caso dentro del mundo de lectores hispanos. Esto, con una base sólida en información exacta y coherente, tomada de primera mano y con su propia experiencia en el estado de Nuevo México, que lleva impregnada en la piel:Llegué a Roswell por primera vez en 1991. Fue en medio de un viaje muy aventurero, porque en ese año nadie recordaba ya el caso Roswell. El libro que había levantado la liebre en los Estados Unidos se había publicado en 1980 y habían pasado once años de aquella publicación. Además, los testigos ya no salían por la TV y el tema estaba en decadencia. Así que cuando llego, el único sitio donde me hablan del caso y se acuerdan —donde tienen incluso posters, recortes de prensa y otras cosas pegadas en las paredes— es un video club de las afueras que se llama Outer Limits. Y es a través de aquél local que logré encontrar al oficial que dio el comunicado de prensa original donde se decía que había caído un “platillo volante”. Ese oficial todavía estaba vivo; se llamaba Walter Haut”.

¿Qué encontraste al visitarlo?
Me encontré con un militar retirado, un hombre alto como una torre al que recuerdo muy impresionante, alguien que tras una larga conversación se mostró sorprendido porque una persona llegada del otro lado del Atlántico se presentara en la puerta de su casa, a preguntar por ese caso. Terminó diciendo que aquello que había caído en Roswell no era de este mundo, casi las mismas palabras que Jesse Marcel había usado para narrar el evento a los autores de “El Incidente”, ese primer libro del que hablamos de 1980.
Una concordancia importante.
Si, quedé muy sorprendido con aquello y comencé a investigar, repasar hipótesis y probabilidades de este asunto y no he dejado de hacerlo hasta fecha de hoy porque siguen apareciendo cosas curiosas. La última que me he encontrado es realmente llamativa. Como dije, en 1980 se publica este libro de Charles Berlitz y William L. Moore que tiene un éxito moderado pese a que Berlitz había sido en aquella época muy conocido por un best seller absoluto que se titulaba “El triángulo de las Bermudas”. El tema es que uno de esos libros sobre Roswell llegó a manos de un actor que se había presentado para Presidente de los Estados Unidos: Ronald Reagan. El mandatario leyó el libro del incidente y fíjate que hay una fecha que nadie recuerda pero que yo voy a subrayar porque es muy interesante: el 29 de Octubre de 1982, siendo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan viaja a Nuevo México para apoyar un discurso de campaña de Jack Smith, que había sido astronauta en las misiones Apolo. Fue el último hombre en poner un pie en la luna dentro de la misión Apolo XVII, y ese mismo hombre se presentaba como Senador por el estado de Nuevo México. Pues que realizaron la conferencia de prensa en Roswell, dentro de la base aérea y enfrente del hangar 84, que es donde guardaron los restos del OVNI en 1947. Y eso se hizo porque Reagan estaba interesado en la cuestión y pidió, expresamente, ese escenario aunque no se hablara del tema OVNI.
Todo un mensaje implícito Javier.
Sí, porque este presidente en particular, como sabes, siempre se mostró muy interesado en la cuestión OVNI y en los temas extraterrestres. En el año 1985, dentro de la famosa cumbre de Ginebra entre Reagan y Gorbachov, llegó a soltar la idea de que las diferencias entre el bloque entre la Unión Soviética y los Estados Unidos desaparecerían si fuéramos, de repente, amenazados por un enemigo extraterrestre. Llegó también a dar un discurso en Septiembre de 1987 ante las Naciones Unidas con este mismo argumento y él, que debería haber accedido ya a lo que fuese que ocurrió en Roswell nunca dijo si había averiguado la verdad, si alguien se lo mostró, o si le pidieron que sea secreto y lo siguiera guardando; algo que no sería sorprendente. Los presidentes americanos se deben mucho al lobby militar y este escamotea información desde hace muchos años.
Casualmente, aunque eso se pueda discutir, Hillary Clinton acaba de hacer unas declaraciones —un poco en serio, un poco en broma— sobre su disposición a investigar el tema OVNI en caso de ser elegida presidente. Pareciera Javier que los candidatos tienen algún tipo de voluntad política al respecto.
Bueno, voluntad política quizás tengan, siempre la hubo de alguna manera porque debemos decirlo: Hillary Clinton no es la primera candidata a la presidencia de los Estados Unidos que promete desclasificar los archivos OVNI de ocupar el Despacho Oval. De hecho, el matrimonio Clinton mencionó públicamente la cuestión OVNI durante, al menos, veintiséis veces. O sea, hay veintiséis registros en los que los Clinton hablan del tema y, por lo tanto, no es un asunto nuevo. En el año 1995 —en el que escribo “Roswell (secreto de estado)” y el senador Steven Schiff reclama toda la información sobre Roswell—, en aquel verano, el famoso filántropo y multimillonario norteamericano Laurence Rockefeller se reúne con Hillary Clinton para darle un dossier que habían elaborado expresamente para la Casa Blanca y que se llamaba: “OVNIS: la mejor evidencia disponible” (UFOs: the best available evidence). Se entregaron en un rancho en Wyoming, en plenas vacaciones del matrimonio presidencial, y esto subrayó el interés que ambos tenían en esta cuestión.
Si, queda muy claro. Pero no se limitaron a este informe por lo que dices.
Mira Fernando, hay muchas anécdotas a ese respeto, por ejemplo el propio Bill Clinton, en abril de 2014 (y en el show televisivo de Jimmy Kimmel) admitía que el pidió —siendo presidente— que le enviaran todos los documentos sobre el caso Roswell y, de hecho, pidió que se hiciera pública cualquier tipo de información; por eso se mostraron informes de la Fuerza Aérea que abundaban en la hipótesis tradicional. Pero lo destacable es que con Clinton se confirmó, más o menos, que lo del Area 51 era real, que indudablemente existía. A esto hay que sumarle que en junio del año pasado el director de la NASA, Charles Bolden, respondió a un niño que le preguntaba en otro programa de TV sobre el Area 51. Dijo que sí, que es un lugar que existe pero que es una especie de enorme departamento militar de Investigación y Desarrollo, que él no había visto allí naves extraterrestres pero que el lugar existe. Esto nos deja claro que detrás de muchas de las cuestiones OVNI (que pensábamos que eran puro folklore) existen auténticas instalaciones secretas, tecnología oculta y muchas cosas más. Por eso el tema OVNI no es anecdótico, siempre es estratégico.
En el caso de Nuevo México hemos oído hablar de este estado gracias al incidente de Roswell, las pruebas atómicas y un sinnúmero de leyendas que lo definen como un lugar mágico. ¿Cuál fue el detalle que te marcó y capturó de este estado norteamericano?
Bueno, siempre he dicho a mis amigos, en petit comité, que el destino me empujó a Nuevo México y que ahí me convertí en escritor de libros de investigación y novelas. Lo primero que me sorprendió es el lema del estado. Si te fijas en las matrículas de los coches verás que todas lo llevan: “Tierra de encantamiento” (Land of enchaintment). Es un lugar como los que vemos en las películas del oeste: árido, con el horizonte muy lejos, con grandes cielos sobre tu cabeza, muy inhóspito, vacío y a la vez muy mágico… y en ese lugar los habitantes están acostumbrados a enfrentarse a todo tipo de cosas. Allí es normal llegar a cualquier rancho o a una estación de servicio en la carretera y que te hablen de fantasmas, apariciones de trenes en la noche, Búfalo Bill e historias de platillos volantes. Además, en ese lugar fue donde se probó la primera bomba atómica, el lugar de Trinidad. Allí se han probado también todo tipo de ingenios aeronáuticos como los famosos U2 (Lockheed) que fueron decisivos en la crisis de los misiles de Cuba.
Y también sale de allí esa primera historia llevada a una exitosa novela.
Claro, es que además del caso Roswell me encontré con una historia que fue la que me hizo escritor de novela. Esa fue la de la “Dama Azul”, una monja española de clausura que vivía cerca de Zaragoza que en tiempos de Felipe IV. Decía que tenía la capacidad de estar en dos lugares a la vez ¿Y dónde se bilocaba aquella monja? Pues a Nuevo México. Allí convirtió al cristianismo a miles de indígenas de varias tribus que hoy son reservas y ahí todavía guardan recuerdo de las apariciones o visiones de un misterioso fantasma azulado, el de la Dama Azul, las que tuvieron lugar en la misma época. Es decir que allí, en la “Tierra del encantamiento”, en Nuevo México, pasa de todo y ese ambiente mágico fue el que me persuadió para escribir algunos de mis libros. En “Roswell: secreto de Estado” en particular, hablo del caso y lo desmenuzo mientras viajo a varios sitios, tanto Italia como el Reino Unido pero, sobre todo, hablo del sentido mágico de las gentes de Nuevo México.
¿Cuál te parece que es el punto en el cual queda claro que es necesario seguir trabajando sobre el caso Roswell?.
Yo creo que uno de los puntos interesantes del caso Roswell —y quizás de los menos conocidos— es la reacción que hubo en la base aérea de Forth Worth, Texas. En concreto del general Roger Ramey, haciendo que se desmienta inmediatamente la noticia de que allí se habían recuperado los restos de un platillo volante. Esa reacción solo se explica si el General Ramey, que estaba a varios cientos de kilómetros de Roswell, supiera de la importancia de lo que habían recuperado. Pero si era la primera vez que caía algo así en suelo norteamericano… ¿cómo es que lo sabían? El tema es que hay un precedente, una pequeña pista que someto a tu consideración y a la de nuestros lectores.
Esa sí que es una buena pregunta Javier.
Mira, ocurrió algo unos años antes del caso Roswell, en plena Segunda Guerra mundial, el 25 de Febrero de 1942. Es lo que se conoce como “La batalla de Los Ángeles”, y que viene a sucederse solo dos meses después de los ataques de Pearl Harbor. Puedes imaginarte la psicosis que existía —en Estados Unidos en general y en el ambiente militar en particular— ante la posibilidad de ser atacados por una potencia extranjera. Pues bien, aquella noche y durante una hora las baterías antiaéreas que estaban dispuestas alrededor de la ciudad y los correspondientes reflectores estuvieron rastreando una flotilla de aviones no identificados a los que dispararon más de 400 obuses. Aparentemente, el general Marshall escribió una nota al presidente Franklin Roosevelt diciéndole que no habían abatido ninguno de esos aviones. El tema llegó incluso al congreso dondenadie se explicó por qué no habían despegado los aviones militares para interceptarlos, pero parece que se están desclasificando documentos en estos últimos años que indicarían que alguno de aquellos objetos de la batalla de Los Ángeles sí fue abatido para luego pasar a manos del proyecto Manhattan; programa de alto secreto que en esos momentos construía la bomba atómica. Por lo tanto, si en el año 1942 —y esto es hipótesis— hubieran recuperado ya uno de estos objetos, cuando cae otro en el año 1947 el general Ramey ya sabía de la importancia de aquello, por lo que se explicaría esa reacción de la que hablamos. Es una pista, algo que me apetece investigar y que creo que, a futuro, puede darnos alguna información extra sobre este rompecabezas de la génesis del misterio de los OVNIs.
Continuamos hablando un poco acerca de proyectos para 2016 que incluyen una novela enfocada en un tema tan complejo como el alma humana. Un proceso que él mismo define como complejo, uno de esos libros que “hay que dejar reposar” para luego encontrarles la vuelta y terminar de escribirlos. Estas palabras me dejan también plneando sobre Nuevo México; ¿será que tras todo este reposo se pueda resolver el enigma? De ser así, Javier Sierra estará en primer lugar, revolviendo todo para juntar la información que nos hará volar a otros mundos.
Nuevo México: Tierra del encantamiento