sábado, 30 de enero de 2016

Un informe científico asegura que descartado Plutón, podría existir un verdadero noveno planeta


Dos astrónomos informaron ayer que cuentan con signos convincentes de un cuerpo celeste más grande y distante; lo buscan hace un año y esperan localizarlo en menos de cinco.
Al final, el sistema solar podría tener un noveno planeta, y no sería Plutón.
Ayer, dos astrónomos informaron que cuentan con convincentes signos de un cuerpo celeste más grande y más distante, algo que se ajustaría más satisfactoriamente a la actual definición de planeta, donde Plutón se queda corto.
"Estamos bastante seguros de que hay algo ahí", dijo Michael E. Brown, profesor de astronomía planetaria del Caltech, Instituto Tecnológico de California.
Lo que no han logrado todavía Brown y su colega del Caltech, Konstantin Batygin, es encontrar realmente al planeta, así que por el momento sería prematuro cambiar las láminas del sistema solar.
En el informe publicado en el último número de The Astronomical Journal, Brown y Batygin detallan todos los argumentos circunstanciales que sostienen la existencia del planeta a partir de las observaciones de ambos astrónomos: una media docena de pequeños cuerpos en órbitas remotas y sumamente elípticas.
Lo más sorprendente, dicen los científicos, es que las órbitas de los seis cuerpos pegan la vuelta en el mismo cuadrante del sistema solar y que el ángulo de inclinación de sus ejes es prácticamente el mismo. Las posibilidades de que se trate de una casualidad es de 1 en 14.000, señala Batygin.
La conclusión es que podría haber un noveno planeta que este "arriando" esos cuerpos celestes hacia esa órbita.

Una especie de mini-Neptuno

Según los cálculos, para que eso fuese posible, debería tratarse de un planeta grande como la Tierra, y probablemente mucho mayor aún: una especie de mini-Neptuno de atmósfera espesa rodeando un núcleo rocoso, que tal vez tendría 10 veces la masa de la Tierra.
Y Plutón quedaría reducido a la insignificancia, ya que el nuevo noveno planeta tendría 4.500 veces su masa.
En el "afelio", el punto orbital más lejano en la órbita de un cuerpo celeste, Plutón se encuentra a 7.400 millones de kilómetros del sol. El posible noveno planeta, en su "perihelio", o punto más cercano, estaría a más de 32.000 millones de kilómetros del sol, y en su afelio, podría llegar a alejarse a 1,6 billones de kilómetros de distancia.
"La órbita la tenemos bastante bien restringida. El problema es que no sabemos en qué parte de su recorrido está", dice Brown.
Alessandro Morbidelli, del Observatorio de la Costa Azul, Francia, experto en dinámica del sistema solar, dice estar convencido: "Creo que ahora de lo que hay que ocuparse es de rastrear este planeta."

El caso Plutón

Sería la segunda vez que Brown pone patas arriba el mapa del sistema solar. En enero de 2005, descubrió un cuerpo del tamaño de Plutón, hoy conocido como Eris, entre los así llamados "objetos transneptunianos" del Cinturón de Kuiper.
Un año y medio después, la Unión Astronómica Internacional reclasificó a Plutón en la nueva categoría de "planetas enanos", ya que su fuerza de gravedad no era suficiente "para lograr despejar el vecindario alrededor de su órbita".
En opinión de la Unión de astrónomos, ese es el requisito que debe cumplir básicamente un planeta: ser el macho gravitacional de su órbita, y Plutón no lo era.
Los primeros indicios de un planeta oculto más allá de Plutón habían llegado un par de años antes. El Cinturón de Kuiper se extiende hacia el exterior de la órbita de Neptuno, desde unos 4.500 millones de kilómetros del sol, hasta unos 8.000 millones de kilómetros del sol, o sea casi el doble que la órbita de Neptuno. En ese cinturón se encuentra Plutón.
Y más allá de ahí, para los astrónomos se extendía un inmenso espacio mayormente vacío.
Así que se sorprendieron cuando Brown y dos colegas suyos detectaron un mundo helado de menos de 1.000 kilómetros de ancho que no sólo se encontraba a 12.800 millones de kilómetros del sol, o sea mucho más allá del Cinturón de Kuiper, sino que seguía incluso fuera del cinturón en el punto más cercano de su órbita.
Nadie podía explicar claramente qué hacía ahí ese objeto, al que Brown puso el nombre de Sedna. Estaba demasiado lejos para haber sido expulsado por el efecto de ondas gravitacionales de los planetas gigantes, como Júpiter, y demasiado cerca para haber quedado atrapado en las mareas gravitatorias de la Vía Láctea.
En ese momento, concentraron sus esperanzas en que el hallazgo de otros mundos como Sedna les daría mayores pistas.
Pero los astrónomos escudriñaron el cielo, no encontraron nada, y el misterio siguió creciendo.
Finalmente, en 2014, Chadwick Trujillo, que había trabajado con Brown en el descubrimiento del Sedna, y Scott S. Sheppard, astrónomo del Instituto Carnegie para la Ciencia, Washington, informaron de un objeto más pequeño, designado como 2012 VP113, de órbita similar a la de Sedna y también más allá de los límites del Cinturón de Kuiper.
Trujillo y Sheppard notaron que varios objetos del Cinturón compartían características orbitales, y plantearon la posibilidad de que un planeta estuviese influyendo en sus órbitas. "No estaba seguro, pero era la mejor explicación que podíamos encontrar", dice Trujillo.
Pero a pesar de algunas críticas que planteaban que se trataba de un efecto o defecto de observación, la peculiaridad de esas órbitas resultaba genuina. "A partir de los datos de observación, quedaba claro que ahí estaba pasando algo que exigía algún tipo de explicación", señala Brown.
Brown dice que empezaron a buscar ese planeta hace un año, y que con un poco de suerte, esperan localizarlo en menos de cinco años.
Según Brown, si el planeta existe, se ajustaría fácilmente a la definición de planeta de la Unión Astronómica Internacional. "En el sistema solar hay cuerpos realmente dominantes, que empujan todo lo que los rodea: eso es un planeta".