jueves, 31 de diciembre de 2015

Un drone descubre casualmente misteriosos petroglifos en un lago glacial de Canadá

El joven Rob Antill estaba probando su equipo y cámara cuando observó espirales formadas con piedras y dibujos que no se conocían en un lago de aguas gélidas.
Rob Antill tenía dos sueños: poseer una cámara capaz de tomar imágenes de alta calidad y a alta velocidad y también ser dueño de algún aparato que permitiese filmar desde el aire. Ambas cosas se unieron el día que probó su nuevo drone con su cámara. Aquel día (enero de 2013) estuvo rodando desde el aire los bosques nevados de su localidad, cerca de Vancouver.
Los símbolos grabados en piedra son muy comunes en Vancouver, pero en su mayor parte se encuentran sobre rocas, no bajo el agua. Ciertamente los hay en el entorno de lagos y ríos, pero casi siempre en las piedras de la orilla y en los bosques. De ahí que el descubrimiento tenga un relieve especial.
Los dibujos lacustres hallados por Rob Antill no han sido datados todavía, aunque seguramente proceden de rituales de las culturas nativas. Lo que se sabe de estas manifestaciones artísitas en la Columbia Británica, donde hay registro de actividad humana desde hace 12.000 años, es que están relacionados con las culturas nativas. La mayoría están relacionadas con ceremonias, que los jóvenes llevaban a cabo, aunque también hay algunas que eran marcas asociadas a necrópolis. Unas pocas conmemoran desastres, inundaciones, corrimientos de tierras. Otras, lugares secretos.
En la zona costera sí han sido documentadas algunas piezas que se encuentran en las rocas que inunda la pleamar. En estos casos su función, según se cree, era llamar a los peces, atraerlos a los ríos para la pesca. Otros marcaban los límites de los territorios de caza. Pero lo cierto es que, aunque todas estas razones se han podido investigar en los casos más recientes (incluso del siglo XX), la mayor parte de los petroglifos y pictogramas permanecen como un misterio insondable para los habitantes de la isla en el siglo XXI.
Por todas estas razones, Rob Antill no olvidará el día que probaba por primera vez su nuevo drone [aquí están las fotos de aquella jornada] sobre el agua de un lago glacial. Solo pensar en la temperatura del agua que tendría que soportar si su dron caía en pleno vuelo sobre el lago, le hizo pensárselo dos veces. Pero el resultado le sorprendió a él como nos sorprende a todos, al descubrir ese tesoro inédito que las aguas del lago han preservado y cuyo significado no está claro.