sábado, 3 de octubre de 2015

Villa Inflamable concentra el sufrimiento ambiental en Argentina


En Villa Inflamable, un asentamiento precario al sur de la capital argentina, los niños están envenenados con plomo. Reubicarlos  a ellos y sus familias exige un proceso socioambiental tan complejo como el de las obras de saneamiento de la zona, en una de las cuencas más contaminadas del mundo.

Al pisar Villa Inflamable, incrustado en el Polo Petroquímico de Dock Sud, en el municipio de Avellaneda, en el área metropolitana de Buenos Aires, el sabor de los productos químicos y las partículas de polvo, se sienten en la garganta, en la saliva y en los pulmones.
Pero aquí, donde sus más de 1.500 familias están expuestas a contaminantes de la industria y del suelo rellenado con residuos tóxicos, sobre los que  se construyeron viviendas,  los niños lo sufren en la sangre.
“Al año tenía 55 (microgramos) de plomo en la sangre. Tuve que internarla”, relató a  IPS una residente en el barrio, Brenda Ardiles, sobre su hija, ahora de 3 años. Tiene otra niña de ocho meses, también contaminada
“Cada noche les sangra la nariz, no aguantan el dolor de cabeza, les duelen los huesos, pero como de noche no hay transporte recién a la mañana puedo ir a la guardia (emergencia sanitaria)”, agregó su suegra, Nora Pavón, madre de otros cuatro niños afectados.
El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades define el envenenamiento de plomo durante la niñez, a partir de 10 microgramos por decilitro en la sangre.
A largo plazo, añade, puede afectar el desarrollo y aprendizaje, la reducción de la inteligencia, pérdida de la audición, e hiperactividad.
“Una de mis hijas está en tercer grado y la otra en cuarto y no saben leer. Los médicos dijeron que ese atraso es producto del plomo”, confirmó Pavón.
Villa Inflamable concentra todos los problemas ambientales de la Cuenca Matanza Riachuelo, que en sus 64 kilómetros de trayecto atraviesa 14 municipios, incluyendo la capital, donde desemboca. En su área viven más de 120.000 familias en 280 asentamientos, de las cuales hay que relocalizar 18.000.
En un lado están las empresas contaminadoras: petroquímicas, hidrocarburíferas, almacenadoras de sustancias químicas y combustibles, y procesadoras de residuos tóxicos.
En el otro, los problemas típicos de la miseria, como viviendas precarias, áreas inundables, basureros clandestinos y falta de saneamiento.
“Esa laguna está toda podrida, no sé qué tiran allí”, indicó Pavón señalando el pantano detrás de su vivienda,  rodeado de basura y que funciona como una cloaca natural del barrio.
En total, en la cuenca viven unos cinco millones de personas, 35 por ciento sin agua potable y 55 por ciento sin cloacas.
“Muchos chicos tenían diarrea. La red de agua está contaminada y las conexiones clandestinas no son seguras”, explicó Claudia  Espínola, de la Junta Vecinal Sembrando Juntos, que distribuye bidones de agua potable en Villa Inflamable.
La Corte Suprema de Justicia requirió en 2008 la descontaminación del área a la Autoridad de la Cuenca Matanza Riachuelo (Acumar), creada dos años antes y que en 2011 estableció Plan Integral de Saneamiento Ambiental para su limpieza y desarrollo sustentable.
El plan incluye la reconversión industrial, limpieza y descontaminación de ríos y márgenes, recolección y tratamiento de basura, obras de desagüe y potabilización del agua, además de la reurbanización de asentamientos o su reubicación.
En total, engloba 1.600 proyectos a completarse en 2024, incluido la construcción de 1.900 viviendas, con una inversión total del equivalente a 4.000 millones de dólares.
“Nos ofrecieron otro lugar pero la rechacé porque somos tres familias, 15 personas vivimos en esta casa. No cabíamos en la otra aunque hiciéramos malabarismos”,  recordó Pavón, que aceptó una segunda propuesta, aunque lamentando que no habrá espacio para que sus niños jueguen.
Muchos no aceptan el traslado por motivos que varían desde la oferta habitacional, al desconocimiento de la grave contaminación.
“A veces las casas son pequeñas y muchos están acostumbrados a terrenos grandes. Otros trabajan o tienen su negocio en su casa, son recicladores, y no saben cómo continuarán allá”, precisó Espínola, en su diálogo con IPS.
Otra razón, más difícil de dirimir, es la rivalidad  entre los equipos de fútbol del viejo y nuevo barrio donde se les va a reasentar, en el mismo municipio de Avellaneda.
“Es un problema histórico entre los hinchas de los clubes de Dock Sud y de San Telmo, una rivalidad a veces violenta. Un problema cultural que creemos que podemos revertir y estamos trabajando en eso”, subrayó.
En Villa Inflamable, un centro de salud ambiental controla ahora los niveles de contaminación.
Defensoría vigila
Pero según Leandro García Silva, jefe de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Defensoría del Pueblo de la Nación, que acompaña el fallo judicial, falta un mapeo previo de riesgo.
“El sistema de salud no tiene muchas herramientas para actuar sobre las enfermedades originadas en cuestiones ambientales porque el médico no puede recetar que se limpie el ambiente. Necesitamos adaptar las herramientas de salud pública a este nuevo problema”, enfatizó.
Simultáneamente, Acumar emprendió ambiciosos proyectos de infraestructura, como la construcción de un colector cloacal de 11,5 kilómetros  y un emisario subfluvial de 11 kilómetros, financiados por el Banco Mundial con 840 millones de dólares, en obras que deben concluirse en 2016.
Antolín Magallanes, director institucional de Acumar, precisó a IPS que el  colector es un ducto subterráneo en una margen del Riachuelo que llevará los líquidos cloacales a dos piletas de decantación, en las localidades de Dock Sud y Berazategui. En esta, ya funciona.
“El colector es una obra muy importante porque 70 u 80 por ciento de la contaminación del Riachuelo es cloacal. Eso resuelve casi por completo ese tema”, destacó.
Asimismo se construirán seis cascadas para oxigenar las aguas, proyectadas por la empresa estatal Agua y Saneamiento Argentino (AySa) y la Universidad de Buenos Aires.
“El capítulo de saneamiento es importantísimo, las obras de infraestructura previstas van aportar un mayor saneamiento y tratamiento, sobre todo en efluentes cloacales y provisión de agua potable”, opinó Javier García Espil, coordinador del equipo del Riachuelo en la Defensoría.
“Pero si eso no se acompaña con gestión ambiental, es decir ordenamiento del territorio, control de las industrias, control de inundaciones, de fomento de nuevos modos de ocupar este territorio, será una respuesta limitada”, enfatizó a IPS.
Transformar el modelo
Acumar reforzó las inspecciones en esta región que aporta 30 por ciento del producto industrial argentino.
“Tenemos empadronadas alrededor de 13.000 empresas, de las cuales unas 7.000 son industriales e identificadas 1.254 contaminantes. Unas 900 ya presentaron planes de reconversión”, aseguró Magallanes.
La Defensoría reconoce esos avances pero critica como insuficientes los créditos para esas reconversiones y los planes estratégicos.
“El problema no es simplemente inspeccionar y ajustar algún proceso, que aunque necesario, es parte de un problema mayor que es definir qué tipo de industrias queremos en el futuro. Un desafío grande que sigue pendiente”, consideró García Espil.
“Es necesario que se pongan en marcha mecanismos nuevos: la gestión ambiental con ordenamiento de territorio, considerando la capacidad de los ecosistemas, y la complejidad del territorio, involucrando la participación social”, acotó García Silva.
Siete años de lucha compleja contra dos siglos de abandono en una cuenca que según Magallanes “ha sido  el refugio histórico de millones de personas que no tuvieron donde ir por cuestiones sociales”.
Pavón, inmigrante de la norteña provincia del Chaco, lo resume: “Volvería al Chaco que es más sano y más lindo para criar los chicos pero no hay trabajo. Vi en el noticiero que un chico murió allí de desnutrición”
Aun así intentó volver a su pueblo “para ver si bajaba un poco el plomo de los chicos”, pero fracasó por falta de trabajo. Entre la desnutrición y el plomo, tuvo que elegir el plomo.