miércoles, 14 de octubre de 2015

Qué hacer cuando las metas y los sueños no se logran


Propósitos. Alcanzar lo que uno se propone siempre depende de la posición que se tome frente a ello. Las  claves y los secretos para que el camino no resulte tan difícil.
¿Te propusiste algo que todavía no pudiste lograr? A todos nos ha pasado. Cuando nos proponemos lograr algo (empezar un negocio, conseguir pareja, tener un hijo, hacer un viaje, terminar el secundario, etcétera) lo hacemos con mucho entusiasmo. Ese entusiasmo es muy bueno, ya que indica que hay salud emocional, ganas, empuje.
Muy diferente es la situación de aquellas personas que no quieren hacer nada porque están deprimidas, angustiadas, sin fuerzas y no ven nada lindo para su futuro ni tienen ganas de soñar. Por eso, ponerse metas y tener sueños es una señal de buena salud.
Sin embargo, transcurrido un tiempo, muchas veces vemos que todas esas cosas que nos propusimos no llegan a hacerse realidad, no se concretan: ese hijo que querías tener no viene, esa puerta laboral que parecía abrirse se te cierra, la pareja que soñaste no aparece, el negocio fracasa antes de empezar... ¿Te pasó esto alguna vez? Cuando esto sucede generalmente comenzamos a angustiarnos. Por eso, quisiera que puedas ver dos errores que comúnmente cometemos cuando nos proponemos algo en la vida y no podemos lograrlo.
Primer error: pensar dentro de la comodidad. Muchas veces ocurre que si bien tenés un sueño, un proyecto nuevo, continuás actuando como antes, es decir, no accionás cambios, no modificás hábitos, horarios, tu manera de pensar, la gente que te rodea. Cuando te proponés algo hay dos preguntas que tenés que hacerte: “¿Qué hice?” y “¿qué no hice?”.
Solemos preguntarnos “¿Qué hice mal?”, pero las preguntas correctas son: “¿Qué hice?” y “¿qué no hice?”, porque tal vez todo lo que hiciste para lograr ese proyecto estuvo bien y el conflicto está en lo que todavía no hiciste. Por ejemplo, supongamos que quiero cambiar de trabajo para ganar un poco más de dinero. Me pregunto: “¿Qué hice?”. Mandé currículums, pregunté a mis amigos si sabían de algún puesto vacante, busqué en el periódico, pero no logré encontrar otro trabajo. Entonces es momento de preguntarme: “¿Qué no hice?”, porque si hago lo que no hice tal vez alcance el resultado que deseaba. Tal vez no hice un curso para capacitarme mejor y perfeccionarme, tal vez no mejoré mi trabajo actual, porque quizás, si mejoro mi trabajo actual, lo haga mejor y me guste más, incluso mi jefe me cambie de sección y me aumente el sueldo.
A veces no se trata de que lo que hiciste está mal, sino de que hay cosas que te faltaron hacer, que no hiciste y deberías haber hecho.
Segundo error: no creer en uno mismo. Muchas veces no logramos lo que nos proponemos simplemente porque no creemos en nosotros mismos ni en que podemos lograr lo que queremos. Decimos: “Quiero comprarme una casa, pero no creo que pueda hacerlo”, “a mí me gustaría tener una pareja que me quiera y a quien yo quiera, pero no creo que pueda lograrlo”. ¿Creés en vos?, ¿creés en lo que deseás? Tenés que ser creyente de lo que vas a hacer y de lo que sos, y eso tiene que ver con recuperar el amor por vos misma.
Hace un tiempo leí una historia que me fascinó. Se trataba de una mujer que quiso enviarle una tarjeta de felicitación a su amiga que había tenido un bebé. Pero en vez de mandarle solo una tarjeta, se le ocurrió incluir un regalo. Compró una pelota en la juguetería, escribió una tarjeta que decía: “¡Felicitaciones!, que seas muy feliz con tu hijito”, y fue al correo a enviarla. A su amiga le gustó tanto la idea que se la comentó a sus amigos. Todos comenzaron a pedirle a la mujer que mandara tarjetas con regalitos en nombre de ellos. Ella decía: “¡Esto es una pavada!”, pero aceptaba hacer los envíos. Un día estaba en el correo esperando su turno para enviar un regalo, cuando un hombre le preguntó qué estaba enviando. Ella le respondió que se trataba de un presente y una tarjeta de felicitación por un cumpleaños. “¿Podría enviar un regalo y una tarjeta en mi nombre?”, le preguntó el señor. La mujer respondió: “Ah, ¡pero esto es muy sencillo! Usted tiene que comprar un regalo y algunos marcadores de colores. Escribe una frase cariñosa para desear feliz cumpleaños o lo que desee, y viene al correo a enviar el regalo”. “Bueno, hágalo usted por mí”, insistió el hombre, pero ella continuó diciendo que no. Ante la negativa de la mujer, el señor le dijo: “Mire, si manda el regalo por mí, le pago cinco dólares”. La mujer recapacitó y aceptó el trato.
Fue entonces cuando se dio cuenta de que podía convertir esa idea creativa en un gran negocio. Junto con su hermana compraron un sitio en internet, le pusieron un nombre y a partir de ese momento todo el mundo empezó a pedirles que enviaran regalos con tarjetitas de felicitación por correo. Así, construyeron una gran empresa que actualmente publicita sus servicios en programas de televisión. Esta mujer creó un negocio millonario a partir de algo simple que ella hizo por amor a una amiga. Lo primero que tenés que hacer para lograr que ese sueño se haga realidad es creer en el proyecto y en vos misma.
Además de pensar no dentro de la comodidad y creer en uno mismo, existe una clave espiritual para que todos esos proyectos que tenés en mente se hagan realidad. Esta clave es dar.
¿Tuviste alguna vez todas las cosas de tu placar desordenadas?, ¿tuviste que pasarte horas buscando ropa porque no la podías encontrar entre tanto desorden? Cuando ordenás un placar empezás a sacar cosas y ver qué te sirve, qué te entra y qué tenés que regalar porque ya no usás o no te va. Acomodás los pantalones, las remeras, colgás las camisas y así vas haciendo espacio. Una vez que todo está en su lugar te das cuenta que tenés estantes vacíos para guardar ropa nueva. Cuando das es porque ordenaste algo en tu vida.

El secreto para que tus proyectos se hagan realidad es que aprendas a dar. Da de tu tiempo, de tus ganas, de tus ideas. Da de tu dinero, da de lo que tenés, pero da, porque el que da, siempre recibe. Y mientras uno da al otro, lo que estás esperando se va edificando, construyendo y llegando al plano concreto en donde uno está contento, pleno y feliz de haber alcanzado la meta.