miércoles, 14 de octubre de 2015

ECOLOGIA:Espejismos ecológicos


Spartina alterniflora es una especie vegetal que crece en las marismas, que son ecosistemas húmedos inundados por aguas marinas. Esta planta le aporta al paisaje una identidad propia, lo configura y es un indicador que nos permite saber que el ambiente está saludable. Sin embargo, para los investigadores independientes del Centro Nacional Patagónico (CENPAT-CONICET) (Argentina), Alejandro Bortolus y Evangelina Schwindt y para el Profesor James T. Carlton, Director del Williams College-Mystic Seaport Maritime Studies Program, esa fisionomía distintiva, no es otra cosa que lo que ellos llaman un espejismo ecológico.

“En muchas ocasiones, lo que vemos delante de nuestros ojos son solo ilusiones ambientales. Un paisaje que es considerado, histórica, científica y socialmente como nativo y prístino, es en realidad algo muy diferente. Nuestra investigación ha revelado que esta especie, habiendo sido considerada por los expertos locales y extranjeros como nativa y emblemática de los paisajes costeros de América del Sur, fue en realidad introducida hace aproximadamente dos siglos por europeos que arribaron a nuestras tierras. Este es un estudio hecho con 10 años de meticulosa recopilación de información a escala global y con la colaboración de bibliotecarios, taxónomos y curadores de herbarios muy prestigiosos”, explica Bortolus.

El estudio publicado en la revista especializada Diversity and Distributions, donde fue seleccionado para la tapa de la edición, asegura que el primer registro que se tiene de esta planta en Sudamérica, fue realizado en 1817 por el botánico naturalista italiano Giuseppe Raddi y casi un siglo más tarde en Argentina por referentes mundiales como Carlo Spegazzini y Lucien Hauman.

Según Bortolus, Spartina alterniflora fue considerada nativa “porque los primeros manuales botánicos y sobre flora, fueron realizados mucho tiempo después a la introducción de esta especie y por esa razón fue asumida como nativa por quienes la colectaron por primera vez en Sudamérica”.

La investigación incluye el relevamiento de las primeras bitácoras, diarios e informes de viajes europeos a América, e indica que la planta es oriunda del Sur de América del Norte, desde donde fue introducida a Europa a través de barcos comerciales y luego dispersada en otros países de diferentes continentes voluntaria y accidentalmente. Actualmente es una de las especies invasoras más agresivas en todo el mundo. Es por eso que los científicos hablan de una invasión biológica a gran escala de consecuencias ecológicas sin precedentes.
“La importancia de nuestros resultados no es agregar un ítem más a la lista de especies introducidas en la región o describir su efecto sobre las nativas. La repercusión de nuestro estudio se debe a que detectamos que una de las mayores invasiones costeras en el mundo, producida por una de las nueve especies más estudiadas y conocidas por todos, pasó inadvertida delante de nuestras narices por cientos de años. Durante todo ese tiempo construimos una imagen de naturaleza prístina y nativa sobre la base de un ambiente completamente alterado”, asegura Bortolus.

Evangelina Schwindt, explica que durante el siglo XVIII y antes de la existencia de las embarcaciones modernas, se utilizaba lastre sólido para garantizar la estabilidad del navío. Recogían piedras y otros elementos que aportaban peso y con ellos viajaban desde semillas, fragmentos de plantas y hasta pequeños animales que luego se dispersaban de un destino a otro.

Dos factores importantes que permitieron inferir a los científicos que Spartina alterniflora no es nativa, es el desfasaje cronológico de los primeros registros americanos y su distribución geográfica. “Que la misma especie esté presente en dos hemisferios diferentes, llama la atención. Se encuentra en el Norte y en el Sur del continente pero no aparece en Centroamérica. En Argentina además se observa cercana a regiones donde el tráfico marítimo, está o estuvo fuertemente presente como el Puerto de Buenos Aíres, Bahía Blanca o la Patagonia. Esos patrones de distribución siempre son un rasgo a considerar para científicos que habitualmente trabajamos en detección de especies introducidas”, afirma Schwindt.

“Nuestros resultados muestran que gran parte de los paisajes que vemos hoy como emblemáticos de las costas de América del Sur, han sido completa e inadvertidamente reconfigurados por estas especies introducidas, y por lo tanto, todos nuestros esfuerzos dirigidos al manejo y protección de la biodiversidad regional a escala continental deberían revisarse seriamente”, concluye Bortolus.