domingo, 23 de agosto de 2015

Del barrio a Rusia: Santa Fe ya tiene un ingeniero aeroespacial



Vivió en ese remoto país durante tres años. Hizo una maestría y se convirtió en experto en el diseño de satélites. Criado en barrio Belgrano y de familia trabajadora, hoy busca su horizonte.
En Samara, Rusia, durante el invierno, la temperatura puede bajar hasta 28 grados bajo cero. Entonces, el fascinante río Volga, que cruza por ahí, se congela y se convierte en una alfombra de hielo con 30 centímetros de espesor. La gente hace patinaje, practica esquí o anda en gomones anfibios, y pasea sobre el colchón transparente como si nada y bajo la nieve.

A esa remota ciudad del sureste de la Rusia europea -a mil kilómetros de Moscú-, se fue hace tres años Nicolás Falbo, un flaco de barrio Belgrano, santafesino hasta el tuétano, ingeniero mecánico egresado de la UTN Santa Fe. Viajó para hacer una maestría en ingeniería aeroespacial. Se recibió hace un mes y volvió a la ciudad.


Volvió con menos pelo y sin trabajo, pero con un título que pocos tienen. Y volvió con todo un futuro por delante.

Falbo vendió lo que pudo para poder juntar plata e irse: el auto, lo primero. Si tenía un perro lo vendía también. Sus padres, de clase media trabajadora, lo ayudaron mucho. Lo acompañó su novia en la prosecución de su sueño. Una vez allá, estudió seis meses el idioma ruso y luego ingresó en la Universidad Estatal Aeroespacial de Samara. Su profesor fue el Dr. Igor V. Belokonov, eminencia de la ciencia rusa.

¿Qué es un ingeniero aeroespacial?

Un ingeniero aeroespacial está preparado para diseñar satélites espaciales, nada menos. En esa especialización hay distintas vertientes: electrónica, programación informática, etc. La orientación que eligió Falbo fue la parte mecánica.

Su título de maestría es Ingeniero Aeroespacial orientada a Sistemas y Experimentos Espaciales. Y su trabajo de tesis final consistió en el desarrollo de una estructura inflable para la orientación de microsatélites, una suerte de “veleta” espacial que facilita la orientación y estabilidad del aparato ya en el espacio, logrando ahorro de energía.

“Las facultades de Rusia y de los países avanzados están trabajando con microsatélites llamados Cube Sat. Éstos son módulos de un kilo, miden 10 cm por cada lado y los alumnos de las más importantes academias tienen que hacer sus experimentos tomando ese microsatélite”, cuenta Falbo a El Litoral.

En su facultad, los alumnos -provenientes de todas partes del mundo- practicaban con tres módulos de ese microsatélite. Y dentro de ese volumen tan pequeño había que diseñar y colocar los sistemas de navegación y orientación, de comunicación, de estabilidad, de fuentes de energía solar, cámara fotográfica, etc. Toda una ciencia.

Un satélite Cube Sat se lanza 120 km hasta 600 km de la Tierra. Duran hasta seis meses de vida. Están en una órbita baja. Se elevan con cohetes, que los “sueltan” automáticamente en un lugar del espacio determinado. Desde ahí, el microsatélite empieza a hacer su trabajo, en función de los mandos que se le dio: obtener informaciones y transmitirlas a Tierra, datos que sirven para hacer experimentos e investigaciones.

Su idea

“Me propuse buscar la forma de ahorrar energía en el satélite. Así, diseñé un estabilizador aerodinámico mediante una estructura inflable. Imaginate que es un almohadón que se infla de la forma que uno quiere, y permite que el satélite se oriente mejor y que ahorre energía, porque tiene menos peso”, grafica el joven.

A través de sofisticados programas informáticos de diseño, hizo el modelado estructural del microsatélite, y el modelado térmico. Fue un trabajo de prueba-error permanente, arduo. Pero valió la pena.

Expectativas

Irse o no irse del país es la gran disyuntiva de los profesionales altamente capacitados. Por lo general se van. Pero Falbo quiere quedarse. Posibilidades laborales tiene, y de sobra: ya lo llamaron de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales de la Argentina (Conae) para una entrevista.
También está en contacto con la Universidad Nacional de La Plata, donde quieren hacer un cohete lanzador para satélites propios de la Argentina. Tendría chances de trabajar en el Invap, o en la Comisión Nacional de Energía Atómica del Instituto Balseiro (en Bariloche). “Me quiero quedar”, dice. El muchacho sencillo y de barrio está presente en él.

“Aquí en Argentina, el nivel de formación universitaria es muy bueno, y no tiene nada que envidiarle al resto del mundo. Y el desarrollo aeroespacial en el país también es muy avanzado”. 

Postales rusas en pocos caracteres

“En Rusia aún persisten festejos militares, está todo militarizado. Hay símbolos, restricciones para los extranjeros: ha quedado mucho del régimen de la ex Unión Soviética”.

“Impresiona la seguridad que hay. ¡No existen los robos! La gente anda en tranvía con la tablet en la mano, como si nada. Apenas llegué a Santa Fe me dijeron que ni salga a la calle con la billetera encima”. 

“El clima es interesante. El verano es de 25 grados, muy agradable. El invierno es para morirse de frío, el último llegó hasta 28 grados bajo cero, todo congelado y nieve. Pero es seco. Yo que tengo problemas de asma no los padecí. Llegué acá y empecé otra vez con los problemas respiratorios”.

Nicolás Falbo - Ingeniero Aeroespacial