jueves, 26 de febrero de 2015

Pirámides fueron hechas por humanos, no por dioses ni ovnis

Un mito moderno afirma que las pirámides de Egipto fueron construidas por dioses o por seres de otros planetas. La ciencia demuestra que quienes construyeron estas edificaciones, que hasta hoy impresionan a los turistas, fueron campesinos y artesanos, mientras el río Nilo inundaba sus tierras.
Que las pirámides egipcias fueron construidas por dioses o por extraterrestres es un mito moderno propagado por ufólogos y vendedores de misterios. Hace ya 25 siglos el historiador griego Heródoto, tras visitar algunas de ellas, explicó cómo se construyeron.

Con su paulatina decadencia, la extraordinaria historia de esta civilización milenaria quedó sepultada bajo las arenas del tiempo. Hace apenas 200 años el científico francés Jean Francois Champolión descifró los enigmáticos jeroglíficos que, en decenas de monumentos, cuentan cómo fue la vida cotidiana no solo de faraones y su corte, sino también del pueblo.

Quienes se inventan explicaciones sobrenaturales suelen mencionar la presunta ‘perfección’ de Keops, la más famosa de las pirámides, pero nunca dicen que en realidad existen 125 pirámides más modestas, que difícilmente fueron construidas por una avanzada ingeniería extraterrestre. Las inscripciones que se han desenterrado permiten conocer el año de construcción y el nombre de los diseñadores de la mayoría de ellas. Por ejemplo, la pirámide de Keops se terminó en 2557 antes de Cristo y el arquitecto y capataz se llamaba Hemiunu.

Hay en Egipto pirámides de todas las formas, tamaños y edades. Muchas de ellas son más antiguas que las de Giza y permiten reconstruir cómo evolucionaron en su diseño y técnicas de construcción. La más vieja es dos siglos mayor, diferente y mucho más rústica que Keops. Está a 30 km al sur y es la pirámide escalonada del rey Zoser. Es literalmente una escalera gigante por la que el alma del difunto subía al cielo, morada del dios Sol.

El siguiente gran ensayo de los constructores egipcios fue rellenar los espacios entre las gradas para que cada cara fuese triangular y se pudieran construir cámaras para alojar las tumbas reales. Un poco más al sur se yergue la pirámide de Meidum, del faraón Seneferu, que nunca terminó de construirse porque se derrumbó al intentar rellenar los escalones. Quedó a la vista el núcleo central, demasiado empinado.
Al parecer, tras el desastre de Meidum decidieron achicar el ángulo de la cumbre de la hoy llamada Pirámide Acodada de Dashur, que se construía para el hijo de Seneferu. Quedó asimétrica y fea, pero al menos nunca se cayó.

El último experimento evolutivo concluyó con éxito en 2582 a.C., pocos años antes de que se comenzara a construir Keops. Es la llamada Pirámide Roja -la primera pirámide propiamente dicha-, aunque sus medidas no son perfectamente simétricas: hay una diferencia de tres metros en el ancho de cada lado de la base. Cuando notaron la falla decidieron reforzar la estructura de las cámaras funerarias y pasadizos internos hasta la exageración. Finalmente, el método de ensayo-error condujo a la pirámide de Keops y las siguientes.
Los verdaderos constructores
Keops es bastante impresionante, pero nada de otro mundo. No es cierto que cada bloque esté perfectamente cortado como con un rayo láser. En muchos de ellos se ve la marca de los cinceles de los obreros y queda algún espacio entre bloques.

¿Acaso no existían herramientas para cortar el duro granito? La verdad es que las piedras de las pirámides no son graníticas sino calizas, de una dureza mucho menor. Tan suaves que si se apilaban cinco o seis, antes de perfeccionar sus cálculos, la de abajo se partía. Así descubrieron que repartiendo el peso de cada piedra entre otras cuatro se podía construir grandes estructuras. Y así las hicieron.

Otro mito insiste en que aún no se sabe de dónde llevaban los bloques. Falso, sí se sabe. Dice Heródoto: “Acarreábanse estas, unas desde las canteras vecinas a Menfis y otras, enormes, desde la ciudad de Elefantina”. Los turistas que se maravillan con Keops raramente caminan los 600 metros que hay hasta las canteras que están detrás de las pirámides.

Tampoco se enteran de que en esa misma zona se ha desenterrado el pueblo en el que vivían los verdaderos constructores. No eran esclavos (como Hollywood insiste en mostrarnos) sino campesinos y artesanos que se ganaban el pan mientras el Nilo inundaba sus tierras cultivables. A cambio de su trabajo en esta ‘obra faraónica’, el Estado les entregaba alimentos. Construir la tumba del faraón era una manera de ganarse al menos un lugar modesto en la vida eterna cerca del dios Sol porque, al mismo tiempo, hacían sus propias tumbas en el subsuelo de sus casas.

Ni dioses ni extraterrestres: las pirámides fueron construidas por seres humanos. Pero, ¿no llama su atención la insistencia en atribuir a seres de otro mundo la autoría de los grandes monumentos de cualquier otro lugar que no sea Europa? Egipcios, mayas, aztecas e incas seguramente eran atrasados y, por lo tanto, incapaces de construir los templos, pirámides y ciudades que hasta hoy nos maravillan. Y si no llegaba un ovni tripulado por enanitos verdes no habrían podido. Eso sí, sabemos con certeza que el Partenón griego o los edificios del Foro romano fueron hechos por blancos europeos, no por extraterrestres. Y a ninguno de los ufólogos, como Von Daniken o J.J. Benítez, ni a sus colegas locales se les ocurriría decir lo contrario.
EN 20 AÑOS, 25 MIL OBREROS

A los egipcios les tomó siglos construir pirámides como las de Giza. El papiro de Rhind (que tiene al menos 4 mil años de antigüedad) prueba que desarrollaron cálculos matemáticos de áreas y volúmenes utilizando números enteros y fraccionarios. Sus arquitectos no eran improvisados. Heródoto explicó que la pirámide de Keops fue erigida por 100 mil personas que trabajaron durante 20 años.

Si bien cálculos arqueológicos recientes reducen ese número a 25 mil, si cada uno esculpió apenas cinco bloques por año, habrían reunido fácilmente sus 2,3 millones de bloques de piedra. Diversos experimentos han logrado reproducir el corte de estas piedras utilizando las mismas herramientas de bronce encontradas en las excavaciones.

En la tumba del príncipe Djehutihotep, una pintura muestra un grupo de gente halando con cuerdas una escultura monumental colocada sobre un trineo de madera. Por delante alguien va regando el camino con algo que podría ser agua o aceite para permitirle deslizarse con facilidad. Primero hacían unos graderíos donde colocaban sencillas grúas de madera que transportaban -una a una- las piedras al nivel superior de la pirámide.