miércoles, 25 de febrero de 2015

Extraña "triplicación" del sol



Un automovilista filmó imágenes maravillosas de este curioso fenómeno.

Por Enrique Márquez 

Muchas veces ciertos fenómenos astronómicos, atmosféricos y/o meteorológicos inusuales suelen dar rienda suelta a especulaciones descabelladas que no hacen más que alimentar el pensamiento mágico-religioso (sospechas de intervenciones de seres divinos o extraterrestres) o teorías conspirativas sobre experimentos secretos de grandes potencias.
 La semana pasada, los habitantes de Cheliábinsk (Rusia) quedaron maravillados cuando vieron que "tres soles" iluminaban el cielo invernal de la mañana. Muchos estaban alarmados porque mantenían fresco el recuerdo de un bólido que explotó hace dos años, provocando múltiples daños y heridos, y dejando un comprensible temor latente a nuevas sorpresas que pueda deparar el reino celestial. Para colmo, en aquella lamentable oportunidad, no faltaron delirios asociados a naves extraterrestres (principalmente alentadas por el ufólogo ruso Guennadi Belímov) y otras fantasías ["Sobre el meteorito de Cheliábinsk ya corren leyendas", La Voz de Rusia, 20/02/2013].
Pero ahora la situación fue benévola y sumamente pintoresca. Las ventajas que ofrecen los celulares, dashcams y redes sociales, hacen posible que -de inmediato- miles de personas compartan un acontecimiento poco frecuente en la otra punta del planeta. Y así fue como circunstanciales testigos comenzaron a distribuir fotos de los tres soles que brillaban en el firmamento. El periodismo local no tardó en hacerse eco de las mismas y, de paso, informar para aplacar un eventual pánico innecesario.

¿De qué se trataba?

Fue una ilusión óptica producida por un fenómeno atmosférico denominado parhelio que provoca imágenes extras del Sol (dos puntos brillantes o resplandores a cada lado) y, a menudo, acompañado por un anillo luminoso de aproximadamente 22º de radio angular, también conocido como halo de 22º o halo menor.
El parhelio (del griego παρήλιον-parēlion, junto al sol), también conocido como "perro solar" o "falsos soles", forma parte de la gran familia de los halos y está compuesto por pequeños cristales de hielo en forma de placa hexagonal, invisibles al ojo humano y que se forman en nubes (cirrus) de gran altitud en la tropósfera. Estos cristales funcionan como prismas y cuando se alinean, la luz solar se refracta y produce dos imágenes especulares a cada lado del Sol. También es frecuente que la dispersión de los cristales produzca colores del arco iris.
 Si bien este fenómeno puede ser observado en cualquier parte del mundo y período, no siempre se hacen evidentes. Por otra parte, son más visibles cuando el Sol está cerca del horizonte y su aparición suele preanunciar tormentas. Un  fenómeno similar se puede producir con la Luna y Venus.
Nada nuevo junto al sol
 La historia antigua nos remite a este fenómeno en numerosos textos. Por ejemplo, el sabio griego Aristóteles señalaba en uno de sus tratados: "Ahora vamos a explicar la naturaleza y causa del halo, el arco iris, los soles falsos y los bastoncillos, pues la misma explicación se aplica a todos." Luego destaca que los falsos soles "siempre son vistos al costado del sol, no por encima o por debajo, ni en la parte opuesta. No se ven de noche, pero siempre en la vecindad del sol, ya sea cuando sale o se pone, pero más frecuentemente hacia la puesta del sol. Casi nunca han aparecido cuando el sol estaba en el meridiano, aunque en una ocasión ocurrió en Bósforo, donde dos falsos soles se elevaron con el sol y lo siguieron todo el día hasta su puesta." Y explica que la causa de todos esos fenómenos es la misma: "todas son reflexiones. Pero existen diferentes variedades, y se distinguen por la superficie y la manera en que se produce la reflexión por el sol o algún otro objeto brillante"  [Meteorologica III.2, 372a14].
También se alude al parhelio en un pasaje de "De re publica" (La República) de Cicerón. En el Libro Primero se narra un diálogo entre políticos de Roma,  en el que Tuberón le pregunta a Escipión ¿quieres que veamos ahora, antes de que vengan los otros, qué es eso del segundo sol de que se ha dado noticia en el Senado? Porque no son pocas, ni personas despreciables, las que dicen haber visto dos soles, y no es cosa de desconfiar tanto como de buscar una explicación. [...]" Y así continúan con disquisiciones sobre el tema, sumándose otros personajes y opiniones de muchos años antes de nuestra era [Mai, A. (1848) La República de Cicerón. Madrid, trad. versión original 1822].
Las referencias antiguas son innumerables pero, recién en el siglo XVII (el "siglo de la física" como algunos lo llaman) y más allá de lo anecdótico, comienza un interés científico con observaciones sistemáticas sobre este fenómeno y otras curiosidades celestiales.
Una serie de parhelios que se produjeron en Roma durante el verano de 1629, llevó al mismísimo René Descartes, padre del "Discurso del Método", a interrumpir sus estudios metafísicos para volcarse a trabajos experimentales y reflexiones teóricas sobre física, que culminarían en su primera obra completa, "El Mundo" (Le Monde, 1633), dividida en dos secciones: Tratado de la Luz y Tratado del Hombre
Cuando Descartes llegó a los Países Bajos y escuchó hablar de los falsos soles de Roma, se propuso encontrar una explicación y terminó conjeturando que "un gran anillo sólido de hielo en el cielo, actúa como una lente para formar múltiples imágenes del sol" [Hatfield, G. (2015) "Metaphysical turn, comprehensive physics, Discourse", en  "René Descartes", The Stanford Encyclopedia of Philosophy, Edward N. Zalta (ed.)].
Poco más de un siglo después, el astrónomo británico Edmund Halley también menciona los falsos soles con total naturalidad durante la observación de un halo solar en Londres: "Cuando se produce este círculo, siempre estoy atento, para ver si otros Fenómenos que a veces lo asisten en el momento de su aparición, tal como el Parhelio, y otros Círculos coloreados, concéntricos con el Sol..." [Edmund Halley, Letter to the Royal Society, 1720, Philosophical Transactions of the Royal Society, Vol. 3, pp. 211-12].
El físico francés Joseph-Aignan Sigaud de Lafond dedicó bastante atención a este fenómeno en su obra  "Éléments de physique théorique et expérimentale" (1777),  luego traducida al español por el Ing. Taddeo Lope entre 1787-1789. En  la Sección XII del Tomo V dedicado a los fenómenos meteorológicos, desarrolla el tema con gran solvencia y en más de diez páginas.
Al margen de la excelente revisión histórica de observaciones incidentales del fenómeno, el desarrollo teórico de Sigaud de Lafond es lo más cercano a la explicación que actualmente sostiene la ciencia y ya he señalado.
 Lo que no he señalado, y ahora lo hago, es el agradecimiento a mi gran amigo Enrique Pereira de Lucena, un especialista en la materia, que siempre me nutre con su conocimiento, comentarios y aporte bibliográfico sobre el tema. 
 Me voy a mirar al cielo y les dejo algunas recomendaciones del Dr. Jonathan Shock en "Un Paseo por la óptica atmosférica".